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divendres 18 de novembre de 2016
LLULL, XIRINACS I UNA NOVA TEORIA DE LA COMUNICACIÓ

La Fundació Randa – Lluís M. Xirinacs i Voliana Edicions us conviden a l’acte

Llull, Xirinacs i una nova teoria de la comunicació

Presentació de Teoria lul·liana de la comunicació de Josep-Lluís Navarro Lluch

Divendres 18 de novembre a les 19h a la Seu del Districte Sants-Montjuïc
(C. Creu Coberta, 104-106. Barcelona)

Josep-Lluís Navarro (autor), Jordi Solé (editor), Manuel García (president de la Fundació Randa), Agustí Rochet (Grup d’Investigació de la Fundació Randa)

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He esmentat fa poc el Globàlium del gran Xirinacs (el Llull de la nostra època), i ara en caldria concretar una miqueta, tot avisant que el seu abast és tan enorme que serà impossible fer-li justícia en un paràgraf, per això us remet al seu llibre: Un model global de la realitat. Primera part: Model menor, Abadia, 2007 – segona edició electrònica i revisada el 2014, per l’Equip d’Investigació Globàlium i la Fundació Randa, accessible en Internet. En aquesta colossal aportació assistim al desplegament d’un model filosòfic o “model mental per copsar la realitat ” que no sols emula l’Art lul·liana, sinó que en alguns aspectes fins i tot la millora i la supera… Josep-Lluís Navarro. Teoria lul·liana de la comunicació. Pàg. 184 i 185.
Voliana Edicions. 2015

dijous, 8 de setembre de 2016
Font: bloc Palinuro

El misterio del lenguaje

Josep-Lluís Navarro Lluch (2016) Teoria lul.liana de la comunicació. L’edifici de les Llengües, 1. Argentona: Voliana edicions. 346 págs.
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A raíz de un comentario de Palinuro sobre una exposición reciente de Ramon Llull en Barcelona (El primer panopticón: Ramon Llull), el autor de esta interesante obra se puso en contacto conmigo y me la hizo llegar. No es de lectura fácil y se aparta algo de los terrenos por los que suelo transitar, pero se trata de un trabajo de gran interés y que incide sobre un asunto de actualidad en el campo de los fundamentos filosóficos y lingüísticos de la comunicación. Hoy prosperan los comunicadores políticos, que casi han monopolizado el terreno y se impone la comunicación política como subdisciplina hegemónica y de la que muchos obtienen grandes rendimientos y pingües beneficios. Pero la comunicación política no es sino una subdivisión de la comunicación en general como aquello que nos hace propiamente humanos y es contenido a su vez de la lingüística, cuyas repercusiones en la filosofía son de sobra conocidas. Recuérdese que todavía no somos capaces de dilucidar la cuestión de qué dependa de qué, si el pensar del hablar o el hablar del pensar.

Navarro Lluch encaja su teoría lluliana de la comunicación dentro de un proyecto mucho más ambicioso que pretende ser una teoría lingüística sistemática y cuyo nombre general es el edificio de las lenguas, una obra que, al parecer, tendrá cinco volúmenes, de los que este es el primero. Su proyecto no es menudo: formular un nuevo paradigma o matriz epistémica para enfocar de forma nueva el estudio del lenguaje, partiendo de una concepción que llamaríamos sistémica o holista por cuanto toda la vida humana está hecha de redes de conversaciones. La red humana es lingüística  y todo fenómeno lingüístico es básicamente social. En paralelo con ello hay una permanente referencia a un fundamento filosófico budista al que el autor dice ser aficionado desde la adolescencia y que parece bastante puesto en razón precisamente por esa perspectiva global que adopta.

La novedad del paradigma no implica que no se reconozcan antecedentes y, en concreto, dos de diferente valor y uso en el ensayo: el “modelo global de la realidad” (o Globàlium) de Lluís Maria Xirinacs y la obra no tan conocida como debiera de Michael Polany. En su conjunto es un plan de combate en contra de lo que llama el “lenguajismo”, una especie de charlatanería que considera disfrazada de “lingüística científica”, “moderna”, “ciencia del lenguaje”. Se trata de un elemento esencial de la obra que define su construcción propositiva sobre un trasfondo de crítica mantenida a la deriva de la lingüística contemporánea, muy en especial la lingüística generativa de Chomsky, considerado por muchos como “el padre de la lingüística moderna”.

El lenguajismo es un reduccionismo confusionista que olvida la tradicional distinción entre hablar y decir, el papel central de la persona, la ambigüedad de la gramática, la imbricación entre palabras y cosas, la noción instrumental e integradora de las lenguas, la dependencia entre lengua y sociedad y la noción instrumental de la lengua, concepción milenaria mucho más útil que la del “sistema de comunicación”. Ya desde el comienzo, se baten las defensas chomskyanas, a causa de sus planteamientos innatistas, idealistas y reduccionistas porque el lenguaje es un fenómeno social, inventado (sobre una base de lenguaje prehumano) transmitido de boca en boca por nuestra especie que es más homo loquens que homo sapiens u homo faber.  Sin duda este punto de vista lleva a la ciencia del lenguaje a intentar constituirse en una especie de metaconocimiento que, a través de teorías como la de los actos de palabra, (Searle) y otras quiere dar una respuesta filosófica pragmática a las gran cuestión de lo humano del ser humano. Pero uno tiene la impresión -que luego se confirma a lo largo del libro, ya que los postulados antichomskyanos se reiteran mucho- de que  en buena medida, hay algo de exageración en ese ajuste de cuentas, entre otras cosas porque tampoco están tan claras las diferencias entre el enfoque sistémico y el generativista chomskyano que, además de la competencia innata del habla de las persona, reconoce la formación del lenguaje como actividad social.
Aborda a continuación el autor la teoría lulliana del “sexto sentido”  que a su juicio no solo es una concepción o teoría nueva de la comunicación, sino un salto cualitativo en la historia del pensamiento, un descubrimiento que permite tener una nueva forma de entender la lengua y la comunicación. Conecta el esquema de Llull (Dins-fora-dins) con la obra de Comte (teórico social que no suele aparecer en estos ámbitos de la reflexión) para quien el lenguaje es el conjunto de medios propios para transmitir fuera de nosotros nuestras impresiones de dentro, porque solo enlazando así el fuera y el dentro podemos garantizar a nuestra existencia cerebral la consistencia y regularidad que caracterizan el orden exterior. Recurre el autor a los trabajos de Jacob y Thure von Uexküll que hablan del “mundo interior” y el “mundo circundante” (Umwelt) de cada organismo y su referencia muy apreciativa al Feed-back loop lo sitúa en los umbrales de la teoría general de sistemas de la que sin embargo, no hace mención aunque, obviamente, su planteamiento del lenguaje como expresión y comunicación exterior le lleva a ello. Sí menciona en un par de ocasiones los trabajo de Varela y Maturana, que están en esa dirección, aunque de nuevo, no maneja el concepto fundamental en estos de la “autopoiesis”, que resulta decisivo para entender un mundo hecho de mónadas leibnizianas en permanente comunicación. Desde esta posición que parte de la complejidad como factor determinante, el autor  critica e incluso ridiculiza el “lenguajismo” y las teorías formales la comunicación a las que llama “telefonismo” y considera basadas en la simplificación de la teoría matemática de la comunicación de Shannon. Y no se hable ya de los esquemas emisor – mensaje – receptor o el estímulo – respuesta, característico del conductismo. El acuerdo que concita esta crítica a los enfoques simplificados no acaba de disipar la sospecha de que la misma crítica adolece de lo que critica y se lo hace relativamente fácil. La idea de que la realidad es siempre más compleja que cualesquiera modelos está ya templada por la ley de la variedad requerida de Ross Ashby, siempre tan preocupado con la homeostasis de los sistemas.  Está bien y es acertado que Navarro Lluch contraponga le modelo cartesiano y newtoniano que sostiene Chomsky al leibniziano y pascaliano, opuestos a él. Pero de nuevo se percibe una polarización excesiva. Pascal defendió el jansenismo de Port Royal, con su gramática y lógica (a la que, al parecer, hizo importantes aportaciones) ambas bajo la influencia de Descartes. El propio Chomsky habla de su lingüística cartesiana atendiendo a la gramática de Port Royal. Por lo demás, en otro orden de cosas, cierto es que el sexto sentido lluliano es la actividad conceptual intencional e interpretativa de las personas en su contexto social e histórico. La comunicación lingüística es un acto creador continuo y creativo del hablante y el que escucha que así hacen y rehacen el mundo.
El capítulo en el que se traza el arco desde Llull a Polanyi contiene el  corazón del libro. El punto de partida es el Libro del habla de los ángeles, de Llull. El esquema del sabio mallorquín conecta a través de la comunicación tres órdenes distintos: los angeles con las personas (a través de la palabra mental), las personas con las personas por medio de la palabra verbal (todo ello agrupado en Locutio) y las personas con los animales a través de la comunicación prelingüística (todo ella agrupado en el Affatus) (p. 174). Los hombres fabrican su Lebenswelt por medio del lenguaje. Así también aparece en el Globàlium Lluís Maria Xirinacs y, desde luego en la concepción del Meaning, de Michael Polanyi. Frente a la ilusión de conocimiento científico, Polanyi sostiene que todo conocimiento es personal porque todo conocimiento presupone la participación de las personas en su “ser ahí” (in dwelling) y conocimiento tácito, focal o subsidiario y todo conocimiento explícito (focal) está basado en el tácito, que surge para explicarlo, de los hábitos (el habitus en Bourdieu). Cuanto mayor es este conocimiento tácito, mayor también nuestra competencia. Descubre Navarro en García Calvo, por cuyas aportaciones tiene verdadera veneración, el esquema de estructura triádica del conocimiento que también se da en Polanyi (p. 200). Así se consigue lo mismo que hacen el budismo y el taoísmo: superar la dualidad sujeto/objeto a través de la coincidentia oppositorum de que habla Llull. Polanyi no conoció a Llull, pero sí habla del seguidor de Llull, Nicolás de Cusa, que eleva la unión de incompatibles a principio teológico general. El esquema de la relación entre Conocimiento Explícito (CE) y Conocimiento Tácito (CT) es circular: CE/CE – CE/CT – CT/CT – CT/CE. No hace falta recurrir a Heráclito (aunque Navarro lo haga con acierto) para entender que en todo cuanto decimos hay siempre más de lo que decimos o creemos decir, al punto de que incluso tengamos difícil a veces admitir lo que hemos dicho dadas sus implicaciones. Sobre este fondo sobre el que el autor valora la importancia que el budismo da al silencio. Y no solo el budismo. También en Occidente es antiguo adagio el de Aut tace aut loquere meliora silentio. 

Una vez llegados aquí, la realidad luce por sí misma: las personas hablamos con palabras sobre las cosas. Son los elementos básicos del hablar. El triángulo llulliano de la significación (contemplación – referente – cosas) se identifica setecientos años después con el de Polanyi (persona, hablante – palabras subsidiarias – objeto, sentido, foco). Imposible exagerar la importancia de las cosas (temas) porque de las cosas depende el habla: Rem tene, verba sequentur, según se atribuye a Catón el censor. Esta relación entre las palabras y la realidad en Wittgenstein y en Chomsky, es rebuscada y sofista porque reduce a aquellas a ser puro producto de la realidad. Por contra, de acuerdo con la acertada expresión del poeta Joan Brossa, el lenguaje no refleja el mundo, sino que en buena media, lo crea. La triada de Polanyi es el sense-giving, verbalización de la experiencia, el 6º sentido llulliano, el affatus todo lo cual ayuda a resolver nada menos que el problema de los universales. Con una sola palabra el ser humano designa multiplicidad de manifestaciones a base de echar mano al conocimiento tácito: las incontables experiencias de diferentes objetos concretos.
En el último capítulo sobre la “molécula de la comunicación” que originará el “tetraedro de la comunicación” el autor inicia el estudio de la acción social a través de la concepción pragmática de Peirce con sus tres tipos de signos (indicios, iconos o señales y símbolos) y la vertiente funcional y hermenéutica de Karl Bühler con su doctrina del lenguaje como un organon manifiesto en una triple función a través de: 1) la expresión (relacionada con el hablante y la consolidación de la interioridad); 2) la apelación (pensada para el destinatario, cuya conducta pretende guiar); 3) la representación (que apunta al mundo que quiere describirse, o sea, interpretarse). Bühler coincide con Polanyi en el paralelismo entre la actividad lingüística (o interpretativa) y la percepción o las habilidades tácita Otros autores posteriores han reformulado esta clasificación de las funciones del lenguaje- Jacobson, por ejemplo, las llama emotiva (hablante), conativa (oyente) y referencial (las cosas) y añade la función mágica o “encantatoria”, que tiene que ver con el “poder” de las palabras. Todo esto se asimila aa la PNL (programación neurolingüística), esto es, un modelo de comunicación y de la conducta humana que integra tres elementos: 1) establecimiento de una “relación” (sintonía, empatía) que mejore la comunicación con el otro; 2) formas eficaces de recaptar información sobre el universo mental de la otra persona; y 3) estrategias para producir cambios en la conducta y hacer más efectiva la comunicación. Algo análogo, dice el autor al esquema de A. García Calvo en Lalia: 1) personas que hablan y se entienden; 2) cosas sobre las que hablan las personas; 3) una sociedad que resulta de esa relación lingüística entre las personas a propósito de las cosas; 4) el instrumento por el que todo esto se produce, o sea, el lenguaje y el sistema o código que lo rige. Con todos estos elementos y manipulando los del “tetraedro de la comunicación” a base de agruparlos de formas diferentes, Navarro Lluch dibuja los cuatro tipos ideales siguientes: a) la fusión de cada persona con el mundo (una mente que conversa consigo misma, reflexión sobre el mundo, la naturaleza, el experimento científico); b) la fusión de nuevo de cada persona con el mundo pero por la otra parte (cuando un relato, una novela nos absorben por entero); c) la fusión de las personas entre ellas (el amor o la amistad profunda); y d) la fusión de los cuatro elementos en uno solo (fusión definitiva con el mundo y con los otros, la superación de la dualidad y la caída de las barreras del ego). Y así llegamos al “silencio del Buda”, cosa que, para un ensayo de lingüística, tiene un punto de provocación filosófica.
Termina Navarro Lluch este primer volumen de su opus en su actitud batalladora contra la lingüística cartesiana, que considera una de las mayores imposturas intelectuales del siglo XX (p. 344). Su empeño será en los volúmenes siguientes construir una alternativa, una lingüística leibniziana o pascaliana para el siglo XXI que rescaten el paradigma jerárquico y la sabiduría antigua y ofrezcan una renovada matriz epistémica que dé cuenta de las lenguas humanas y su complejidad en su misterio y en sus múltiples conexiones con todo lo que es mental y social. El programa no carece de ambición, pero no habría conocimiento sin ambición. Los fundamentos están echados, aunque a veces no muy ordenados. Es de esperar que fructifiquen en la obra posterior y disipen la intuición de que la rebelión frente al intento de someter a análisis científico el origen mismo de la creación termina descubriendo en esta un factor de irracionalidad sobre el que no cabe decir nada.

De Ramon Llull a Navarro Lluch passant per Michael Polanyi
Josep-Lluís Navarro Lluch. Teoria lul·liana de la comunicació
Pàg. 180 – L’Edifici de les llengües, I – Voliana Edicions. 2016

“ …l’obra de Llull és, en bona part, desconeguda i incompresa inclús per als qui l’estudien. Més enllà fins i tot dels aspectes concrets d’aquesta obra, és un dels casos paradigmàtics de transmissió cultural avortada o tergiversada. No obstant, i com a mostra excelsa i excepcional de tot el contrari, tenim l’aportació de Lluís Maria Xirinacs i el seu Globàlium o Model global de la realitat, que jo vaig conèixer gràcies a l’editor Jordi Solé… ”

Josep-Lluís Navarro Lluch. Teoria lul·liana de la comunicació
Pàg. 180 – L’Edifici de les llengües, I – Voliana Edicions. 2016

 

Intervenció de l’editor el dia de la presentació a la llibreria Alibri de Barcelona de “Teoria lul·liana de la comunicació”. Josep-Lluís Navarro Lluch, Entrevol, 9. L’Edifici de les Llengües, 1 (Voliana Edicions, 2016)

A Teoria lul·liana de la comunicació es fa una crítica global de l’anomenada “lingüística científica” (que l’autor identifica com a “llenguatgisme”), pels seus punts de vista reduccionistes i antisociolingüístics. Com a alternativa es proposa un nou paradigma que rescati la saviesa antiga (i oriental) sobre el llenguatge i la integri amb les millors descobertes posteriors.
A partir del que diu Ramon Llull en El sisè sentit (1294), s’arriba a confegir una nova teoria sobre les llengües, basada en la metàfora de “la molècula de la comunicació”, d’una gran potència explicativa, didàctica i heurística. El llibre s’acompanya de diagrames que ajuden la imaginació del lector a enlairar-se, a construir les seues pròpies concepcions (com diria Llull) i a gaudir d’aquest viatge al més profund del llenguatge humà.
Aquest és el primer volum de la sèrie L’Edifici de les Llengües, al llarg de la qual l’autor vol completar un nou paradigma per a les ciències del llenguatge. D’ambició no n’hi falta, ni d’encert. Jo el consideraria un nou projecte del que m’atreviria a batejar com a sociolingüística integrativa (manllevant el concepte de la medicina integrativa que va més enllà de la medicina alternativa, que ha mostrat les seves insuficiències i virtuds).

L’editor, l’autor i Manuel Garcia de la Fundació Randa

¿Què en aquest llibre fa el professor de Secundària –ensenyament que reivindica fins i tot per damunt de l’ensenyament universitari a l’hora d’influir en la formació dels joves- Navarro Lluch, lluitador de la primavera Valenciana de 2012?
Integra en una mateixa proposta: (1)les propostes de l’hongarès erudit, fisicoquímic i filòsof de la ciència Michael Polanyi (1891-1976) fundador de la Societat per a la llibertat de la ciència (2) les de Ramon Llull al Sisè sentit (3) les de la sociolingüística i la psicologia social (4) les dels bons crítics de la comunicació i (5) la saviesa oriental del budisme. Llàstima que avui no tinguem entre nosaltres LM.Xirinacs, estaria emocionat amb el llibre de Navarro Lluch.
No és debades recordar que Polanyi -en qui Navarro Lluch basa bona part del llibre- fou fundador de la Societat per a la llibertat de la ciència, i veia l’objectivitat absoluta (objectivisme) com una falsa il·lusió i un fals ideal; va critica la prevalència per la qual el mètode científic atorga la veritat de manera mecànica al científic, per contra va argumentar que tot coneixement és personal i, com a tal, depén de suposicions falibles. Polanyi és partidari de la República de la ciència i no d’una ciència centralitzada: així com la societat civil és la reunió dels individus per assolir objectius que ens acostin al bé comú, la república de la ciència és una comunitat de científics que es proposen assolir el coneixement de la natura. I això s’aconsegueix coordinant les iniciatives independents però sense una centralització total amb una autoritat central i única que coarti la iniciativa dels individus.

 

Presentació a la Facultat de Filologia de València

I què diu Navarro Lluch sobre la llengua? Entre les cites que fa a les primeres pàgines trio l’advertència de G.Steiner: “La paraula oculta molt més del que confessa, enfosqueix molt més del que defineix, aparca molt més del que vincula” (fruit d’aquesta tesi jo vaig escriure i publicar 2 novel·les: Els silencis d’Eslet i La Síndrome dels estranys sons). Això el porta a compartir un punt de partida que fuig de la ingenuïtat: “des del principi hem de bandejar concepcions ingènues com que el llenguatge és un reflex de la realitat o un vehicle de la veritat. Al contrari, la facultat humana de mentir (arrel de mentir: ment), d’enunciar falsedats, de negar el que és o el que hi ha, es troba en el nucli mateix del llenguatge i anima la complexa relació entre les paraules i el món”.

 

El llibre és una crítica al que bateja com a “llenguatgisme”: “El llenguatgisme és una pseudociència que aïlla les llengües de la seua imbricació amb la gent, amb la ment i amb la societat, i les tracta com si foren “algú”, com si tingueren una “personalitat” pròpia (cosa que lliga amb el nacionalisme essencialista), o bé les “cosifica” i les enfoca com si foren màquines o coses plenes, autònomes, amb substància o corporeïtat” La proposta de l’autor va en la direcció contrària: “la llengua és buida…, la llengua “en si” no és res, depén de les persones que l’usen i de les coses per a les quals l’usen, sempre ocorre “entre” (entre persones o entre persones i coses), no té cap solidesa, ni substància, ni autonomia, i bàsicament consisteix en relacions que la desborden. Si personalitzem o cosifiquem les llengües, cosificarem o volatilitzarem les persones”.

El llenguatgisme hauria oblidat la distinció entre el parlar i el dir, el paper central de la persona, l’ambigüitat constitutiva de la gramàtica, la noció instrumental i integradora de les llengües, la imbricació entre paraules i coses, la mútua dependència i interacció entre llengua i societat… És a dir, tot allò que ens aporta la sociolingüística. ¿On posem el focus, en el parlar com fa la dialectologia o la gramàtica o en el dir, com es fa des de la sociolingüítica o la psicologia social? On ens centrem? en els fonemes o en els parlants? en els sorolls o en les persones?
L’autor parla també de la història de la degradació de l’ús del terme “comunicació” que neix relacionat amb idees com “compartir”, “posar en comú” “comunió” o “comunitat” fins a degradar-se més modernament com a “trànsit”, “transvassament”, “canal” o “soroll”. Una degradació que afecta l’ús que se’n fa a les universitats o als llibres d’ensenyament de Secundària. O com diu Raymond Williams es passa de la idea de “suport mutu” a la de “propaganda”.
Navarro ens proposa fugir d’aquest forat i apreciar la proposta que John Dewey va fer de comunicació, que reformulada per Aracil diu així: “La comunicació és arribar a tenir en comú coses que no es tenien en comú a partir d’unes altres que sí es tenien en comú”. I rebla el clau: “En contra de la fal·làcia que afirma que el llenguatge es va desenvolupar per tal de facilitar la comunicació, seria més bé al contrari: la comunicació va produir el llenguatge” (ahir al programa el Foraster unes persones es comunicaven sense llenguatge o llengua compartit perquè compartien uns interessos).

En el llibre podem trobar perles com aquesta: “la degradació de les nocions de llengua i de comunicació connecta amb la devaluació de la literatura, de la poesia, de la paraula lliure i creadora, del sentit, de l’educació i cultivació de la gent, etc. Les modernes “ciències del llenguatge”, en bona part, han arribat a una trista deshumanització, han separat el llenguatge del món de la vida, de la realitat de la gent, i l’han deixat assecar-se com una mala herba arrencada de l’horta fructífera del sentit. I així han pogut centrar-se en metàfores tan maquinals i destructives com la del “tub” o la dels “telefonistes” de la teoria de la informació: segons aquestes metàfores o imatges vulgars, la comunicació seria una cosa que es genera en un punt, es fica dins un contenidor (el “missatge”), es duu per un conducte, o cable, o tub, i s’entrega a l’altra punta del tub… És a dir, no hi ha ningú que elabore ni ningú que interprete, tot consisteix a “transmetre” informació, quan la comunicació no depén del que s’emet, sinó del que ocorre amb el qui rep.”(el que acabo de dir ha fet efectes diferents en la gent que m’està escoltant i jo he produït el mateix “missatge” quan sortiu d’aquí alguns potsder parlareu del que hem dit i haureu interpretat coses diferents).

Tot plegat afecta i molt l’alumnat: “Després d’anys i anys de tortura i d’absurd llenguatgista, la majoria acaben la Secundària (inclús els qui fan un Batxillerat humanístic) sense cap noció clara de com funcionen gramaticalment les llengües (no diguem ja des d’un punt de vista social o sociolingüístic)”. La contraproposta és clara com l’aigua clara: “Les llengües són coses vives, dinàmiques, obertes, expressives, fluents, allò més allunyat de l’esclerotització i la rigidesa. I pel que fa a l’escola, amb unes quantes nocions clares de gramàtica, senzilles i ben dosificades, seria suficient per a la primària; i amb una miqueta més d’elaboració ja estaria bé per a la secundària obligatòria. A llegir i escriure s’aprén llegint i escrivint, i no amb tanta teoria –sobretot si aquesta teoria és confusa i contradictòria. Però això no vol dir oblidar la gramàtica, la retòrica i la dialèctica, al contrari, cal rescatar-les i adaptar-les a l’edat i circumstàncies dels aprenents”.

En el llibre es dedica també un apartat al fracàs comunicatiu i un altre a l´èxit comunicatiu, però és impossible ressenyar i resumir tot el que trobareu en aquest llibre, per tant poso fi aquí a la meva intervenció una altra vegada amb la veu de l’autor: “El llenguatge és l’instrument o vehicle del pensament, de la consciència, de la memòria, de l’accés al saber, al coneixement i fins i tot a allò que està més enllà d’ell mateix i que ultrapassa allò verbalitzable… Aquest accés al que està fora, damunt i més enllà del que es pot dir ens el dóna també, en aparent paradoxa, el llenguatge; i d’altra banda, aquesta capacitat nostra per a verbalitzar, per a donar i captar sentit, per a dir i entendre, i fins i tot per a apuntar al que es troba més enllà del que es pot dir, és allò més específicament humà.” Jordi Solé Camardons, editor.

Booktrailer de Teoria lul·liana de la comunicació:

https://youtu.be/BoeD18yMoZ8

www.voliana.cat

http://volianaedicions.blogspot.com/2016/02/de-ramon-llull-navarro-lluch-passant.html

Totes les obres de Lluís Maria Xirinacs sota llicència CC:

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